Imagen: Verónica Bellomo

Norma empezó aprendió a manejar a los 24 años y a los 43 armó su primer camión, que es con el que trabaja para una empresa en el rubro cargas peligrosas. Si bien su marido ahora la apoya, al principio no quería. Norma Arrúa hasta hace siete años era ama de casa. Sus tres hijos y su marido eran su prioridad. Sin embargo, cuando se subió al camión sintió que ese había sido el lugar en el que siempre había querido estar. 

Ahora desde el camión, donde pasa más de 13 horas por día y con el que llegó a recorrer casi 600 kilómetros en un día, gracias a la tecnología y las nuevas herramientas de comunicación, sigue minuciosamente los movimientos de su casa. Ella sabe si su marido se fue a trabajar, a qué hora vuelve, si sus hijos fueron a la facultad, si comieron y qué comieron.

Norma nunca sabe a qué hora termina su jornada laboral, pero siempre vuelve a dormir a su casa porque, por ahora, no hizo viajes de larga distancia, pero no descarta incursionar en eso en algún momento. La idea la entusiasma. 

Durante las horas qué pasa manejando el camión, escucha música y se mantiene conectada con su familia y la empresa para la que trabaja.

Ella es una de las 447 mujeres camioneras registradas de los 300.691 inscriptos del país, según datos oficiales de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte. Según cuenta, uno de los principales problemas a los que se enfrentan las camioneras es el tema sanitario. Los lugares no cuentan con baños para mujeres. En el puerto por ejemplo donde pueden llegar a estar dos o tres días esperando, las camioneras dependen de la buena voluntad de la empleadas administrativas para que les presten el baño. 

Además, explicó que no es fácil para una mujer conseguir trabajo de camionera pero que en su caso, que tiene un camión propio y es autónoma, no tuvo ese problema pero subrayó que “para las chicas que están buscando trabajo de chofer es más complicado porque si hay cinco postulantes hombres y una mujer, van a tomar a uno de los hombres para el trabajo”.

Norma es parte de la plataforma virtual Las Argentinas Trabajamos, una iniciativa que busca reflejar distintos oficios comúnmente asociadas con un quehacer masculino. Y junto a otras colegas creó en Facebook la página “Simplemente camioneras”, donde intercambian experiencias, datos y anécdotas.

–¿Es complicada la búsqueda laboral si una mujer quiere ser camionera?

–En mi caso tengo la unidad que es mía, pero las chicas que están buscando trabajo de chofer es más complicado porque si hay cinco postulantes hombres y una mujer, van a tomar a uno de los hombres para el trabajo. Creo que es porque confían más en ellos. En el caso, por ejemplo de Andrea Paredes, la recomendé en Transtonic, hizo la prueba y quedó. Después la llamaron de Casa Central de Volvo para ser la primera mujer instructora a nivel mundial de camiones Volvo. 

–¿Cuáles son los principales problemas que se repiten en las experiencias de quienes forman parte de Simplemente camioneras?

–Los sanitarios. Yo tengo la suerte que estoy en la ciudad peromuchas chicas tienen que descargan en los puertos que no están preparados para las mujeres. A veces tienen que estar dos o tres días en el puerto porque les rechazan la carga, y no hay un baño. Dependen de la buena voluntad de las chicas de las oficinas cuando están trabajando. En algunos puertos implementaron que a las mujeres les dan prioridad de descarga, por los baños, por la seguridad, porque en la mayoría están al lado del río y hay lugares peligrosos para llegar. Las rutas tampoco están preparadas porque en las estaciones de servicio no hay baños, y si encontrás alguno no tiene agua caliente y es complicado. 

–¿Cómo abordan, al interior de camioneras, el tema de la sindicalización?

–Tenemos una página que se llama Simplemente camioneras, ahí subimos fotos mostrando nuestro trabajo. Nos han contactado desde distintas empresas y lugares. Y varias veces nos propusieron formar un sindicato de mujeres. Se puede hacer, pero sería una forma de discriminarnos nosotras. Soy independiente, no trabajo bajo relación de dependencia, pero las chicas que trabajan en relación de dependencia, están bajo convenio, y tienen los mismos sueldos que nuestros compañeros hombres. Me parece que hacer un sindicato de mujeres sería como nosotras aislarnos y discriminarnos.

–¿Cómo es ser la única mujer entre tantos varones?

–Siempre me hicieron sentir muy cómoda mis compañeros. Nunca sentí que me hayan discriminado. Trato de hacer mi trabajo a la par de ellos. Siempre me respetaron mucho también y yo a ellos. De salir de lavar los platos en mi casa a hacer este trabajo, siempre preguntaba, siempre fui bien recibida en todos lados. Si hay que esperar, siempre esperé, nunca me aproveché de ser mujer para que me descarguen antes, por ejemplo. No, porque el hombre que está adelante mío tiene tanta necesidad como yo de llegar a la casa, una esposa que lo espera, ganas de estar con los hijos. Somos todos iguales. El compañerismo es mutuo.

–¿Sos feminista?

–Tengo una forma muy particular de ver las cosas. Yo soy mujer y me gusta que me traten como mujer, que me arrimen la silla, que me abran la puerta del auto. A veces se saca un poquito de contexto todo. Como que se va al otro extremo. Hago un trabajo en el que estoy rodeada de hombre y no quiero que me traten como un hombre. Quiero seguir siendo mujer y me gusta que me traten como tal.

–Sin embargo decías que no buscás el privilegio de descargar antes siendo mujer.

–No eso no. Porque yo creo que de eso se trata la igualdad. Si yo elegí hacer un trabajo mal visto como de hombre porque lo puede hacer una mujer tranquilamente, creo que la igualdad se trata de eso.

–¿Qué diferencia hay entre manejar un camión y manejar un auto?

–Las dimensiones nada más. Igual yo ando con un chasi para 10 palets. La precaución yatención que tenés que tener es la de siempre. Los camioneros o camioneras tenemos que tener más espacio, más lugar, más atención, porque al hacer las maniobras los autos aceleran para pasarte. O tenés que tirarte a la derecha, ponés los giros, aceleran y te pasan por la derecha. Tenemos muchos puntos ciegos.Hay que estar atento de no tener una persona al costado o atrás que no la veamos y ciudado con las bicicletas y con las motos.

–Dice que maneja un chasis de 10 palets, ¿cómo explica su dimensión didácticamente para quienes no entendemos de camiones?

–Las medidas de mi camioncito serían de siete metros de largo por dos sesenta de ancho. Y la altura es de tres metros ochenta con la caja. Tenés que tener mucho cuidado con los árboles, las ramas, los cables. Hay que ir atento a todo pero se hace un hábito, una costumbre y ya es algo mecánico. A mí me ayudó mucho el poder manejar, y gracias a dios no tener ningún accidente, que calculo bien las distancias. Y siempre muy alerta, continuamente mirando los espejos, usando las luces.

Ahora desde el camión, donde pasa más de 13 horas por día y con el que llegó a recorrer casi 600 kilómetros en un día, gracias a la tecnología y las nuevas herramientas de comunicación, sigue minuciosamente los movimientos de su casa. Ella sabe si su marido se fue a trabajar, a qué hora vuelve, si sus hijos fueron a la facultad, si comieron y qué comieron.

Norma nunca sabe a qué hora termina su jornada laboral, pero siempre vuelve a dormir a su casa porque, por ahora, no hizo viajes de larga distancia, pero no descarta incursionar en eso en algún momento. La idea la entusiasma. 

Norma empezó aprendió a manejar a los 24 años y a los 43 armó su primer camión, que es con el que trabaja para una empresa en el rubro cargas peligrosas. Si bien su marido ahora la apoya, al principio no quería. Norma Arrúa hasta hace siete años era ama de casa. Sus tres hijos y su marido eran su prioridad. Sin embargo, cuando se subió al camión sintió que ese había sido el lugar en el que siempre había querido estar. 

LEER MÁSCoronavirus: el delicado trabajo de los kinesiólogos en terapia intensiva | Manejan los respiradores y establecen la estrategia para enfrentar las complicaciones
LEER MÁSAcusan de acoso laboral a la jefa de Policía | Dos denuncias de mujeres policías

Ahora desde el camión, donde pasa más de 13 horas por día y con el que llegó a recorrer casi 600 kilómetros en un día, gracias a la tecnología y las nuevas herramientas de comunicación, sigue minuciosamente los movimientos de su casa. Ella sabe si su marido se fue a trabajar, a qué hora vuelve, si sus hijos fueron a la facultad, si comieron y qué comieron.

Norma nunca sabe a qué hora termina su jornada laboral, pero siempre vuelve a dormir a su casa porque, por ahora, no hizo viajes de larga distancia, pero no descarta incursionar en eso en algún momento. La idea la entusiasma. 

Durante las horas qué pasa manejando el camión, escucha música y se mantiene conectada con su familia y la empresa para la que trabaja.

Ella es una de las 447 mujeres camioneras registradas de los 300.691 inscriptos del país, según datos oficiales de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte. Según cuenta, uno de los principales problemas a los que se enfrentan las camioneras es el tema sanitario. Los lugares no cuentan con baños para mujeres. En el puerto por ejemplo donde pueden llegar a estar dos o tres días esperando, las camioneras dependen de la buena voluntad de la empleadas administrativas para que les presten el baño. 

Además, explicó que no es fácil para una mujer conseguir trabajo de camionera pero que en su caso, que tiene un camión propio y es autónoma, no tuvo ese problema pero subrayó que “para las chicas que están buscando trabajo de chofer es más complicado porque si hay cinco postulantes hombres y una mujer, van a tomar a uno de los hombres para el trabajo”.

Norma es parte de la plataforma virtual Las Argentinas Trabajamos, una iniciativa que busca reflejar distintos oficios comúnmente asociadas con un quehacer masculino. Y junto a otras colegas creó en Facebook la página “Simplemente camioneras”, donde intercambian experiencias, datos y anécdotas.

–¿Es complicada la búsqueda laboral si una mujer quiere ser camionera?

–En mi caso tengo la unidad que es mía, pero las chicas que están buscando trabajo de chofer es más complicado porque si hay cinco postulantes hombres y una mujer, van a tomar a uno de los hombres para el trabajo. Creo que es porque confían más en ellos. En el caso, por ejemplo de Andrea Paredes, la recomendé en Transtonic, hizo la prueba y quedó. Después la llamaron de Casa Central de Volvo para ser la primera mujer instructora a nivel mundial de camiones Volvo. 

–¿Cuáles son los principales problemas que se repiten en las experiencias de quienes forman parte de Simplemente camioneras?

–Los sanitarios. Yo tengo la suerte que estoy en la ciudad peromuchas chicas tienen que descargan en los puertos que no están preparados para las mujeres. A veces tienen que estar dos o tres días en el puerto porque les rechazan la carga, y no hay un baño. Dependen de la buena voluntad de las chicas de las oficinas cuando están trabajando. En algunos puertos implementaron que a las mujeres les dan prioridad de descarga, por los baños, por la seguridad, porque en la mayoría están al lado del río y hay lugares peligrosos para llegar. Las rutas tampoco están preparadas porque en las estaciones de servicio no hay baños, y si encontrás alguno no tiene agua caliente y es complicado. 

–¿Cómo abordan, al interior de camioneras, el tema de la sindicalización?

–Tenemos una página que se llama Simplemente camioneras, ahí subimos fotos mostrando nuestro trabajo. Nos han contactado desde distintas empresas y lugares. Y varias veces nos propusieron formar un sindicato de mujeres. Se puede hacer, pero sería una forma de discriminarnos nosotras. Soy independiente, no trabajo bajo relación de dependencia, pero las chicas que trabajan en relación de dependencia, están bajo convenio, y tienen los mismos sueldos que nuestros compañeros hombres. Me parece que hacer un sindicato de mujeres sería como nosotras aislarnos y discriminarnos.

–¿Cómo es ser la única mujer entre tantos varones?

–Siempre me hicieron sentir muy cómoda mis compañeros. Nunca sentí que me hayan discriminado. Trato de hacer mi trabajo a la par de ellos. Siempre me respetaron mucho también y yo a ellos. De salir de lavar los platos en mi casa a hacer este trabajo, siempre preguntaba, siempre fui bien recibida en todos lados. Si hay que esperar, siempre esperé, nunca me aproveché de ser mujer para que me descarguen antes, por ejemplo. No, porque el hombre que está adelante mío tiene tanta necesidad como yo de llegar a la casa, una esposa que lo espera, ganas de estar con los hijos. Somos todos iguales. El compañerismo es mutuo.

–¿Sos feminista?

–Tengo una forma muy particular de ver las cosas. Yo soy mujer y me gusta que me traten como mujer, que me arrimen la silla, que me abran la puerta del auto. A veces se saca un poquito de contexto todo. Como que se va al otro extremo. Hago un trabajo en el que estoy rodeada de hombre y no quiero que me traten como un hombre. Quiero seguir siendo mujer y me gusta que me traten como tal.

–Sin embargo decías que no buscás el privilegio de descargar antes siendo mujer.

–No eso no. Porque yo creo que de eso se trata la igualdad. Si yo elegí hacer un trabajo mal visto como de hombre porque lo puede hacer una mujer tranquilamente, creo que la igualdad se trata de eso.

–¿Qué diferencia hay entre manejar un camión y manejar un auto?

–Las dimensiones nada más. Igual yo ando con un chasi para 10 palets. La precaución yatención que tenés que tener es la de siempre. Los camioneros o camioneras tenemos que tener más espacio, más lugar, más atención, porque al hacer las maniobras los autos aceleran para pasarte. O tenés que tirarte a la derecha, ponés los giros, aceleran y te pasan por la derecha. Tenemos muchos puntos ciegos.Hay que estar atento de no tener una persona al costado o atrás que no la veamos y ciudado con las bicicletas y con las motos.

–Dice que maneja un chasis de 10 palets, ¿cómo explica su dimensión didácticamente para quienes no entendemos de camiones?

–Las medidas de mi camioncito serían de siete metros de largo por dos sesenta de ancho. Y la altura es de tres metros ochenta con la caja. Tenés que tener mucho cuidado con los árboles, las ramas, los cables. Hay que ir atento a todo pero se hace un hábito, una costumbre y ya es algo mecánico. A mí me ayudó mucho el poder manejar, y gracias a dios no tener ningún accidente, que calculo bien las distancias. Y siempre muy alerta, continuamente mirando los espejos, usando las luces.

–¿Le gustaría que sus hijos se dedicaran a lo mismo que usted?

–La más chica tiene 16 y está en el secundario y los dos más grandes estudian arquitectura. Siempre les dije que hagan lo que les hiciera felices, que no sea una obligación. Igual, ninguno de los tres pinta para esto, no los veo. La mayor no sabe manejar directamente, el varón sí maneja, y la más chica en cualquier momento empieza.

–¿Se acuerda cómo fue que decidió empezar a trabajar de camionera?

–Veníamos viajando con mi esposo y él había comprado un chasis, el primero con el que empecé, lo había comprado por negocio, Lo teníamos parado en casa y ahí vi una herramienta de trabajo y la necesidad económica que como todos sabemos hace falta una entrada más. Y así empecé a armarlo pero él no quería.

–Dice que su marido lo compró por negocio ¿a qué se dedica él?

–Está en la venta de autos pero de camiones no entiende nada. Igual que yo cuando comencé. Yo no es que entienda mucho ahora pero por lo menos me defiendo, pregunto y aprendo. 

–¿Su marido no quería que usted manejara?

–Él no quería. Cuando termine de armar el primer camioncito me dijo que poner un chofer es mucha responsabilidad, pero yo le dije: “No, lo voy a manejar yo”. Me contestó que ni loca, que ni se me ocurra. Y porfiada, empecé a averiguar. Un amigo de la familia me dijo “No, negra, vos no estás para esto, quedate en tu casa”. Después me ayudó porque empecé a buscar por internet y no sabía qué comprar. En el curso de cargas generales me entero que había otro de cargas peligrosas. Al otro día saco turno, después del psicofísico, para hacer el de cargas peligrosas y el primer viaje que hice fue con cargas peligrosas. Así comencé y desde ese primer viaje no paré nunca más de trabajar. 

–¿Qué quiere decir que eran cargas peligrosas?

–Mi primer día creo que llevé acetona, quitaesmalte. Significa que lo que transportás podés llevar alcohol, baterías, pinturas con solvente, ácidos. Desde el día en el que empecé mi primer viaje nunca más paré de trabajar.

–¿Qué hace arriba del camión?

–Arriba del camión manejo todo. Estoy continuamente en contacto con el transporte para el que yo trabajo que se llama Transtony. Le hacemos logística a la fábrica Toyota. Aparte de mi trabajo con los provedores, comunicada continuamente con mi familia, sabiendo si los chicos fueron al colegio, a la facultad, si mi esposo salió de trabajar, a qué hora llega. La tecnología juega a favor nuestro para estar comunicados. Tengo la suerte que todos los días duermo en mi casa. Sé cuando me voy, no a qué hora vuelvo. Puedo volver a las cuatro de la tarde, las diez de la noche o la una de la madrugada. 

–¿Tiene un sueldo fijo?

–Yo vendría a ser fletera del transporte. Cada viaje tiene distinto valor. Por eso, cuando más viajes haga mejor para mí. A veces hay adicionales y aprovecho y los hago. Si termino mi ruta a las 4 de la tarde y tengo que buscar un contenedor de tinner y llevar a la fábrica, lo hago porque me conviene, facturo más a mi favor. Cuando hay trabajo se aprovecha.

–¿Qué música escucha mientras maneja?

–Todo el día estoy con música. Me bajo música al teléfono y voy escuchando. Escucho de todo dependiendo del estado de ánimo. Me gusta mucho Roxana, la española, me gusta Vicentico, aunque no todos los temas porque yo no soy fanática de nada. Me gusta la música techno. Pero escucho un popurrí.

–¿Sábado y domingo descansás?

–Sí, me ha tocado trabajar en alguna oportunidad pero generalmente sábado y domingo descanso. Trabajo en mi casa que se trabaja más.

–Las famosas tareas de cuidado que siguen recayendo sobre las mujeres

–Sí. Y yo prefiero estar arriba del camión.