De los excluidos del sistema formal y del mercado laboral surgen las economías populares, una forma de organización económica basada en la solidaridad, la cooperación y la reciprocidad.

Más Cerca Es más Justo conecta productores con compradores a través de una comercialización justa para todos. 

“Nuestra línea de trabajo general es poder convertir la comercialización en un servicio.” Así lo definió Daniel Cacciuto, miembro del Instituto para la Producción Popular (IPP) e integrante del colectivo de organizaciones que forman parte de Más Cerca Es Más Justo, una cadena que tiene como objetivo fortalecer a los pequeños productores de alimentos, quienes siempre pierden a raíz de los intermediarios en las cadenas ya conocidas y establecidas de comercialización en Argentina. 

Más Cerca Es Más Justo es un proyecto del IPP que coordina Enrique Martínez, ex presidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), que nació hace más de dos años en un garaje de Liniers y que hoy funciona en centros culturales, organizaciones políticas, clubes de barrio, casas de familia, bibliotecas populares y distintos espacios de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano. Este proyecto de alimentos a precio justo y sin intermediarios hoy tiene más de cien productos a la venta a través de pedidos por internet y son producidos por pequeños productores, cooperativas, empresas recuperadas o trabajadores de la autogestión. “Hay arriba de 120 productos. Hemos logrado cubrir toda una gama de alimentos, desde la verdura y la fruta hasta el pollo, la carne, el cerdo, lácteos, quesos, todo lo no perecedero, hasta algunas cosas más raras, como una cooperativa jujeña que manda unos fideos sin harina de trigo, de maíz con quinoa. Es una gama bastante completa, desde una canasta básica hasta productos de más valor agregado, pero todos son pequeños productores o cooperativas que están atrás de esa gama”, describió Cacciuto.   

En esta cadena que nació como una alternativa a las góndolas y para combatir el abuso y la explotación contra los que siembran, cosechan, amasan y producen los alimentos, hay una lógica de construcción de precio que parte del productor. “Lo primero que le decimos al productor es que defina un precio que a él le permita producir y vivir en condiciones dignas. Tenemos como política no negociarle un precio al productor, pensar con él, construirlo con él, pero no negociarle los precios. Todo parte de ese costo del productor. A veces orientamos, si lo que propone no tiene lógica. Por ejemplo, con la gente que arma los bolsones de verdura muchas veces damos la discusión para explicarles que el costo que ellos a veces proponen es mucho más caro si lo comparan contra los cajones que venden a los mercados centrales y regionales. Pero los ayudamos a pensar, les decimos ‘ojo porque si ustedes pusieran un poco más barato el bolsón, tal vez venden más por este canal que a ustedes les conviene’, pero no hay un espíritu de decir ‘20 por ciento menos’, va por otro lado, va por entendernos mutuamente. Y de ahí para adelante lo que se hace es una cadena de costos relacionada con el trabajo, una cadena de trabajo con un costo calculado de a 100, 120 pesos la hora, que incluye los fletes, el armado de los pedidos, la administración y el tiempo que los compañeros dedican a conocer a los productores, a viajar a visitarlos, y todas las tareas que giran alrededor del proyecto. Hacemos un cálculo de horas bastante preciso y lo distribuimos entre la cantidad de productos que se entregan. Cuanto más volumen vamos manejando, más se va abaratando esa estructura de costo. Y lo último que se hace es dejar un porcentaje del precio de venta para el punto que entrega, que varía entre el 7 y el 13 por ciento. Es como un 10 por ciento promedio del precio que queda para todo el trabajo de entrega, que no es menor, porque no sólo se entrega sino que se difunde, se cobra, se arma una rendición, se escuchan las críticas y los halagos y hay todo un entramado. El punto de entrega no es alguien independiente del proyecto,  es alguien que es parte del proyecto, es alguien que periódicamente se sienta con nosotros a pensar en conjunto, entonces hay toda una tarea relacionada con eso”, explicó Cacciuto a PáginaI12. 

Cacciuto, que es ingeniero industrial y que hoy forma parte de esta coordinación y logística de Más Cerca Es Más Justo, aseguró que son más de veinte las personas que integran el núcleo central y más de diez las organizaciones que integran esta idea de economía popular para el “desarrollo de una construcción social más justa más allá de las banderas y las diferencias de opiniones”. Y aseguró: “Te acercás hasta la señora del barrio más rico de la ciudad, hasta el último barrio del conurbano y todos compartimos un poco los principios que hay detrás de todo esto. Nadie te dice que está en desacuerdo con convertir la comercialización en un servicio para la comunidad. Y me parece que desde ahí hay algo que motiva, porque decís ‘desde acá yo puedo construir algo que nos una más que nos separe’. Y me parece que pasa por ahí. Veo tanto problema vincular en la sociedad y acá pareciera haber una vuelta para salir por arriba y no para andar enfrentándonos unos con otros”.

Pero no hay un producto que vender si no hay alguien que lo elabore. Amalia Guisasola es de la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Mendoza, que forma parte del Movimiento Nacional Campesino Indígena. Ellos comercializan con Más Cerca Es Más Justo envasados de tomate triturado, tomate entero perita y néctar de frutas. Vienen trabajando en el territorio cuyano desde la crisis de 2001, y contactándose con organizaciones que tienen una perspectiva diferente de cómo entender la economía o cómo satisfacer las necesidades en base a lo que ellos producen en sus propias comunidades. “Tenemos una escuela campesina con orientación agroecológica, y en algunos momentos hicimos articulaciones con el IPP, que tiene una lógica de enfoque de la economía distinto del común y que es muy interesante. Fue muy rico conocer sus ideas y sus planteos. Desde ese entonces formamos parte de este proyecto de articulación. Es algo más que un negocio de ventas, es un vínculo de una construcción de un modelo de producción y de distribución de esos productos, diferente no por una conveniencia económica sino como un proyecto de desarrollo de vínculo y conexión entre el campo y la cuidad.  Con unos cuantos kilómetros de distancia en relación a este caso particular, pero intentamos siempre generar vínculos que puedan hacer que los productos campesinos lleguen y den más a las ciudades”, aseguró Guisasola. Esta organización campesina está conformada por más de mil familias. En los procesos productivos de lo que distribuye Más Cerca es Más Justo, son casi cien las familias que forman parte de toda la cadena de elaboración. Y tienen también otros eslabones de la producción local que comparten el espíritu de cómo hay que desarrollar la economía: “No sólo envasamos el producto. Hay familias que producen el plantín del tomate, que se producen en comunidades. Ahí hay una distribución a productores locales que trabajan en fincas cooperativas y cultivan esos plantines. Esos tomates cuando están maduros van abasteciendo un proceso de producción de aproximadamente cinco meses a dos fábricas de producción local al norte de Mendoza. Es como que tenemos dos zonas, que son el Departamento de Lavalle y el de San Martín, donde ese esquema del cultivo del tomate en la tierra y por último la industrialización en fábricas locales, hace que esos tomates que llegan a Más Cerca Es Más Justo sean envasados y que tengan todo un sistema de esterilización para que el producto vaya agregando valor y pueda trasladarse fácilmente hacia otros lugares de consumo. En todo este proceso en particular, debe haber unas sesenta familias involucradas en los distintos eslabones (la producción de plantines, el cultivo en la tierra en las fincas cooperativas y en el último eslabón dos fábricas también cooperativas que elaboran estos tomates)”, explicó Guisasola.    

El sistema de Más Cerca Es Más Justo es por pedido hasta el jueves inclusive a través de internet y la entrega de los productos que solicita el cliente se hace a uno de los más de cien puntos de entrega, entre los que se encuentra el Club Social, Cultural y Deportivo Larrazábal, ubicado en Larrazábal 829. Silvia Álvarez integra la comisión directiva del club que forma parte de esta iniciativa desde hace más de un año. “Lo que nos motivó a nosotros era el movimiento que generaba el nodo en el club. Nos permitía llegar a un público al que no llegábamos de otra manera. El club participa activamente en distintas problemáticas en el barrio, pero Más Cerca Es Más Justo nos permitía llegar a otro público. Y como a varias personas del club nos interesaba la economía social (algunos ya veníamos con alguna experiencia en el tema o con alguna curiosidad), nos permitía generar ingresos para alguna persona que lo necesitara en un momento donde ya se empezaba a sentir crisis. Además, nos permite que vengan emprendedores del barrio a ver los productos, entonces también genera como una cuestión de acercamiento entre artesanos y emprendedores con estos vecinos que a lo mejor no se verían o no se cruzarían en otra situación”, contó Álvarez. También explicó que “el sistema de Más Cerca Es Más Justo es a través de un formulario. La gente hace una reserva online y la entrega del producto se hace todos los sábados en el club, que es uno de los tantos puntos de entrega. Tenemos un promedio de 35 personas por sábado, pero en realidad lo que se da es que hay gente que viene sólo porque es un  producto agroecológico y le interesa este aspecto, y  hay gente que viene por una cuestión de salud. Pero lo que nosotros hacemos es bajar línea de que es algo más justo. Por un lado está el cuidado de la tierra y el modo de explotación de la tierra en maneras responsables y por otro lado, que el productor tenga el ingreso que le corresponde sin que la ganancia se la lleven todos los intermediarios. Hay mucha gente que elige comprar por ese motivo y hay una construcción en la compra que es distinta a si estás comprando en una verdulería, en el sentido de que si se inundó una zona o llovió mucho y no pudiste sacar la producción, la gente entiende que el producto no esté. Todo esto te permite ayudar a la gente desde un lugar más cercano. Cada tanto organizamos jornadas solidarias de mantenimiento del club, porque no tenemos ningún tipo de subsidio. La gente no sólo viene a comprar sino también a participar, a dar una mano. A veces armamos actividades, es un club que tiene una función bien social, que genera esa proximidad. Y esa cosa de solidaridad ayuda a generar un vínculo de comunidad”, explicó Álvarez. 

Productores de todo el país, comunidades, fábricas cooperativas, organizaciones sociales, políticas y culturales, cientos de personas aunadas en una misma idea de desarrollo social con un objetivo de aporte a la comunidad y de convertir un concepto de negocio en una realidad de servicio. Más Cerca Es Más Justo es una alternativa a una realidad impuesta por el mercado y un sistema que deja cada día a decenas, cientos y miles de personas afuera de un sistema laboral. Un camino que se basa en la unidad, la solidaridad y el desarrollo de todos y de cada uno de sus integrantes. Desde el productor al consumidor, sin dejar afuera a ninguno de los eslabones de esta cadena que hace de la economía popular una alternativa más que real en una realidad de crisis que avanza, destruye en el camino y desampara al final. 

“Nos aúna una postura completamente opuesta al neoliberalismo. Lo que estamos intentando va por otro carril completamente diferente y ahí estamos todos de acuerdo”, concluye Cacciuto. 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/126750-como-convertir-un-negocio-en-un-servicio